La (no) magia de la IA

 La IA es magia. Pero como todo espectáculo de magia es mera prestidigitación, una ilusión increíble y bien sincronizada mientras que, entre bambalinas, hay un trabajo real y físico invisible a los ojos fascinados del niño. 

Tú ordena y la IA hará en una fracción de tiempo aquello que te llevaría horas o días de mucho esfuerzo. No es magia: es automatización y potencia de procesamiento.

Detrás de tu prompt se pone en marcha una red de telecomunicaciones que transmite unos y ceros a un super servidor en la nube, con potencia suficiente para procesar complejos "algorrinos" matemáticos y redes neuronales que transforman tu petición en una respuesta "aparente" que te será devuelta de forma impecable. No es magia: es ciencia y tecnología.

Estamos culminando una etapa muy importante de la humanidad, en la que los avances en tecnología nos ofrecen una herramienta como nunca hemos tenido, y con la particularidad de que nadie sabe qué pasa bajo el capó y de que nadie nos ha dado un manual de instrucciones para entenderla y sacarla partido real. No es magia: es un producto creado por megacorporaciones para ganar mucho más dinero (tu dinero) y tener más poder que muchos gobiernos.

La IA es la palabra de moda, el status de la sociedad moderna, la insignia de la gente "guay", moderna e intelectual. Si no te subes a la ola eres un dinosaurio de las cavernas condenado a extinguirse. Mientras tanto, se quema dinero como si fuera combustible de alto octanaje para generar usuarios cautivos que estén obligados a pagar después por algo que se les había regalado. No es magia: es el marketing más voraz de la historia para generar yonkis de la inferencia que necesitan su chute para terminar haciendo cosas absurdas (como las imágenes que acompañan este artículo).

Nunca estuve en el Titanic (no tengo más de 100 años), pero con la IA puedo hacer creer que me embarqué hacia un fatal destino que me hundió en las frías aguas de Terranova.

La super productividad de la IA permite crear proyectos y código como un ejército de juniors en apenas unos minutos. Ahora se pueden ofertar proyectos en una décima parte del tiempo, con un 25% del personal y a un coste muy inferior, pero con una mayor margen de beneficios. Luego descubres que el resultado carece de alma y de calidad, pues la IA no entiende de excepcionalidades ni de matices ocultos. Aparece la deuda técnica y has de revisar un código que no entiendes, invirtiendo más tiempo, recursos y costes para limpiar la "basura" (slop). No es magia: es la ilusión de sentirte poderoso sin entender realmente lo que haces. Delegas sin control en un producto ilusorio que es capaz de mentir para complacerte.

Las empresas ven cómo la IA "resuelve" infinidad de operaciones con los datos de negocio de una forma "impecable". Los informes, las predicciones y los detalles que arroja parecen creados por un gurú que sabe de la empresa más que la misma empresa. Pero, ¿cuándo se ha parado alguna vez la empresa a curar sus datos? Si los datos acarrean vicios antiguos, son incoherentes, erróneos, incompletos, inseguros... ¿qué resultado dará la IA?. No es magia: ES SENTIDO COMÚN.

Debe haber algún momento en el que despertemos y descubramos qué hay detrás de esa magia, tomar conciencia de sus consecuencias y empezar a utilizar la IA como lo que es: una herramienta y no una droga que satisface nuestros instintos de poder. Toda herramienta necesita revisión, calibración, ajuste y reparación. No es magia: ES SENTIDO COMÚN.

¿Estamos preparados para el despertar? ¿O tendremos que hacerlo cuando explote el SlopApocalypse (apocalipsis de la basura IA)?

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